domingo, 27 de marzo de 2011

El tráiler, un genial reclamo


A estas alturas de la comedia no voy a descubrir a nadie que un tráiler, además del remolque de un camión (una de las acepciones que para esta palabra recoge el Diccionario de la Real Academia de la Lengua), es el avance de una película que se proyecta en las salas de cine antes de cada sesión. Para algunos espectadores las excusa perfecta para poder apurar y llegar con el tiempo justo, a la par que toman asiento y se acomodan. Para los aficionados al cine la oportunidad de descubrir algún filme nuevo que desconocían, o bien incrementar sus expectativas e incertidumbre ante un próximo estreno que llegará en breve, el cual esperan con ansiedad.

Los tráiler constituyen un gran reclamo publicitario dado que se presentan en el escaparate perfecto y ante su público objetivo por excelencia. Pero no son nada fácil de llevar a cabo porque en unos 60- 90 segundos (no llega a los 30 en el caso de los que se retransmiten a través de la televisión) hay que comprimir toda la historia, resaltando algún que otro momento un tanto espectacular o gracioso, aunque a ser posible sin mostrarlos todos, como ocurre con algunas películas que cuando vas al cine tienes la sensación de que ya has visto sus mejores escenas en el avance. Eso sin hacer mención a que indudablemente, no solo por el bien del filme, sino también de la productora, la distribuidora y el propio espectador, no debe hacer ni la más mínima referencia al final.

Utilizando como pretexto este breve comentario acerca de los tráiler y teniendo en cuenta alguna de las grandes superproducciones que se estrenan en 2011, aquí dejo algunos de los que considero los mejores no solo por la forma en la que se plasman, sino también por cómo ponen los dientes largos al espectador y entran ganas a uno de ir adquiriendo las entradas.






sábado, 19 de marzo de 2011

Promoción, promoción, promoción


Es la palabra que hasta en 3 ocasiones repetía Agustín Jiménez en su famoso monólogo ‘El macho español’, pero no me refiero a ese tipo de promoción. Todas las películas que se estrenan realizan campañas publicitarias para darse a conocer entre el público y que éste compre el mayor número de entradas posibles, tratando de conseguir con ello el principal objetivo de un filme: lograr la taquilla más grande posible. No nos engañemos. Al margen del mensaje que el director o los guionistas quieran transmitir al espectador, al margen de conmover, aterrorizar, ilusionar o divertir, la recaudación es el motivo por el que una historia es llevada a la gran pantalla. De este modo, la publicidad así como los medios de comunicación en los que se muestra obtienen unos suculentos ingresos.

            Pero este proceso también se da a la inversa. Los medios tradicionales, muy especialmente la prensa escrita, han utilizado el cine (tanto películas como vídeos documentales) como reclamo para incrementar las ventas. Por ejemplo, el diario Público ‘regala’ cada viernes (su precio se incrementa en un euro) por la compra de cada ejemplar una película. Esto en lo referente a diarios generalistas, porque no debemos olvidar que los verdaderos expertos en esta materia son los deportivos. Cualquier competición o campeonato, sobre todo de fútbol, es la excusa perfecta para poner el periódico un poco más caro. Quien no recuerda que una semana después del mayor logro del balompié español, la consecución del campeonato mundial en julio de 2010, Marca o As obsequiaban a su audiencia con DVDs de cada partido. Cómo olvidar esos vídeos del Barça o el Real Madrid alzándose victoriosos en la Champions League.

            Dejando a un lado el deporte, una de las promociones más interesantes con respecto al cine la ha llevado a cabo El País; y lo ha hecho de una manera distinta. Nada de películas, sino tazas de desayuno con imágenes de una de las sagas más exitosas de todos los tiempos: Star Wars. Aquí os dejo el enlace para que disfrutéis con la que considero una de las más acertadas promociones en prensa de las últimas fechas.

lunes, 14 de marzo de 2011

Dinero, 'what else'?

Café, refrescos, perfumes, relojes, yogures, leche… A priori artículos tan dispares pero unidos por un mismo elemento en común: todos ellos han sido promocionados en alguna ocasión por un actor o actriz, y no precisamente secundario o de segunda fila. Quién no ha visto a George Clooney degustando un ‘exquisito’ café, a Hugh Jackman bailando para publicitar un marca de té tan solo conocida por los más expertos en la materia o, en las últimas fechas, a Orlando Bloom sentado sonriendo sin hacer nada para poner rostro a un perfume. Incluso algún que otro gran director como Martin Scorsese se atrevió en su día a dirigir un anuncio de una conocidísima marca de champagne español.

De nuevo se da esa simbiosis entre publicidad y cine de la que hablaba en la entrada anterior. Las grandes marcas utilizan el mejor elenco posible para promocionarse. No importan los atributos del producto, los beneficios que éstos puedan reportar al cliente ni su modo de empleo (seguro que más de uno tendríamos que dar un curso de iniciación a nuestras abuelas para que pudieran tomarse un café extraído de las tan baratas máquinas que funcionan con cápsulas). Tampoco importan mucho el papel, diálogo o rol que el actor deba desempeñar, ni la cuantía que la empresa haya de desembolsar para contar con su presencia. Este tipo de comerciales son un filón para los dos sectores; el de las grandes estrellas del cine por un lado, y el de las multinacionales por otro, y ambos saben de su existencia.

Evidentemente, al margen de la calidad del anuncio o lo mejor o peor rodado que pueda estar, en ningún momento se valora si es oportuna o no la aparición de ‘tal’ actor en ese determinado spot, ni se pone en entredicho la actuación que haya podido llevar a cabo. Sólo 2 cosas quedan claras: la cartera de las estrellas recibe una suculenta inyección de liquidez y las marcas adquieren mayor renombre o fama gracias a la aparición de éstos famosos, que no en todos los casos, buenos actores. Por desgracia, cómo en muchas otras ocasiones en esta vida, no importan ni la calidad del producto (véase en forma de anuncio o artículo material) ni las personas que puedan consumirlo. Sólo el dinero, ‘¿qué si no?’.

-http://www.youtube.com/watch?v=OSQ8Xh8dW40

-http://www.youtube.com/watch?v=M8RtUJwLl-s&feature=related


miércoles, 9 de marzo de 2011

Prólogo

Si bien este blog denominado 'Publicidad de cine' ve la luz debido a que forma parte de una de las asignaturas que curso en la universidad (Marketing Comunicacional), en él encuentro la excusa perfecta para poder investigar y estudiar acerca de la relación existente entre dos de los mayores fenómenos comunicacionales, que además son mis grandes pasiones: la publicidad y el cine. Con cada entrada trataré de mostrar, siempre con la mayor humildad y respeto posibles, algún ejemplo de la simbiosis que se da entre el mundo de los anuncios y el del celuloide.

En este primer post voy a hacer referencia al que sin duda es uno de los mayores escaparates de publicidad en el mundo: la Super Bowl, la final de la liga oficial de fútbol americano y que el pasado 6 de febrero enfrentó en su XLV edición a los Pittsburgh Steelers con los Green Bay Packers. Al margen del deporte, este evento cuenta con una de las mayores coberturas mediáticas en todo el planeta. Según la empresa Nielsen Co. más de 111 millones de norteamericanos se sentaron frente al televisor para ver el partido, y se calcula que más de 350 millones lo hicieron a nivel mundial. Pero ese no es el dato más escalofriante. Cada año, durante el descanso del encuentro, que dura 30 minutos, se proyectan los anuncios más caros del mundo. Tal y como publicó en una noticia del 29 de enero Associated Press, por 30 segundos de publicidad las empresas pagan la brutal cantidad de 2,7 millones de dólares. Sí, sí; no se trata de una errata. Son 2,7 millones de dólares.

Sin embargo, pese a lo abultado del precio, en 2011 se han mostrado dos anuncios relacionados estrechamente con el cine que han tenido una gran aceptación y crítica entre el público:

- http://www.youtube.com/watch?v=R55e-uHQna0


- http://www.youtube.com/watch?v=GPRv4Out7X8


Este es tan solo uno de los innumerables ejemplos en los que se puede atisbar que tanto el cine como la publicidad son disciplinas que poseen una gran influencia la una en la otra, y que ambas pueden salir muy benefiadas de ella. Aquí comienza la andadura de 'Publicidad de cine'. Solo el tiempo, además de los seguidores (si es que cuento con alguno) a los que pueda robar unos minutos de su preciado tiempo, establecerán el minutaje de este filme. 
Gracias.